Tardes de armado de rompecabezas. Las piezas copan por semanas una mesa, y hoy no es la comida sino el juego la que nos une en torno a ella. No hay turnos, no hay ganadores, no hay ¡no me sale!, ni trampas, ni competencia. Pero sobra ayuda mutua, un objetivo común y cooperación: hay equipo.

Y de a poco ese rompecabezas empieza a tomar forma. Y no es cualquier forma, es la forma que imaginamos y buscamos entre todos, que hicimos jugando con otros y no contra otros y que miramos orgullosos diciendo “lo logramos”.

Imaginemos un mundo entre todos, crearemos un mundo para todos.

Jugando nuevos mundos son posibles.

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